
Breve cielo, no creo que puedas ser admitido en un lugar tan adecuado para el olvido y las largas sombras. Aquí todos están contando el número de escombros que conforman su vida y se les olvida que la sonrisa da plasticidad al rostro y oxígeno a la desgracia.
Me emociona el esfuerzo que hacen las flores en su persistente función y el paso de la experiencia a través del vuelo leve de las libélulas. Parece que casi rozamos en un tiempo infinitesimal el perjurio de la nada. Y, sin embargo, todo es una oportunidad que se renueva diariamente.
Breve cielo, no hagas caso de las voces inconclusas que pretenden ser rotundas. En el fondo del caleidoscopio permanece la misma imagen de mil matices que se diseñó a ras de la nostalgia inveterada.
Todo vuelve a ser lo mismo infinitamente camuflado.
Se diría que oigo el oráculo de lo inservible aunque todos pretendan alcanzar la senda que conduce a la belleza, la libertad y el amor. Pero el ruido de fondo, y nuestra gran mascarada, ocultan lo evidente. No se abren ventanas; no se logra el silencio. La música es una peonía que logra la danza vivaz de los crisantemos juguetones apenas adheridos a una lámpara de nácar azulado. Sabes de qué hablo y por qué intento reconstruir todos los fracasos, una y otra vez, como si tuviera el don de la persistencia.
Todo vuelve a ser lo mismo infinitamente camuflado.
Si pones bajo mis pies una alfombra de musgo nocturno te alcanzaré una o dos estrellas. Pero no dejes de intentarlo. Es mejor esperar en la esquina de la probabilidad al mensajero de lo oculto. Le brillan los ojos y sus palabras son como alas de mariposa con alegres y evocadores pensamientos. Quizá, cuando menos lo esperes, encuentres una respuesta.
Hace frío, pero es mejor para despertar. La tibieza acentúa el rasgo de los olvidos menores. El amor te conduce a los grandes recuerdos y no deja la piel lisiada. Es mejor crear con la conciencia de lo efímero y darle gracias a lo pasajero. Quizá quiera volver mañana.
Breve cielo, no creo que puedas ser admitido en un lugar tan adecuado para el olvido y las largas sombras. Aquí todos están contando el número de escombros que conforman su vida y se les olvida que la sonrisa da plasticidad al rostro y oxígeno a la desgracia.
No creas que todos pueden comprender mi escritura fractal basada en la iteración continua que se renueva desde dentro.
Todo vuelve a ser lo mismo infinitamente camuflado.
Si quieres que te diga la verdad inventaré todas las mentiras y alentaré los sueños cuando me despierte. Aunque me hagan estornudar las chispas de tu ingenuidad.
Breve cielo, no hagas caso de las voces inconclusas que pretenden ser rotundas. En el fondo del caleidoscopio permanece la misma imagen de mil matices que se diseñó a ras de la nostalgia inveterada.
Bocados pretenciosos
Xavier de Tusalle
Chus Cuesta
Editado por Mandala & LápizCero, 2008