Vivo entre esquinas viendo la vida pasar, sin destino desde hace tiempo solo puedo buscar esas paredes que tapan el frío en el callejón. La sopa caliente del bar de al lado que me ofrecen al atardecer reconforta mis delicadas tripas que ansían algo sólido. Me duelen los huesos pero puedo oler entre los muros llenos de infelicidades, mentiras, traiciones, reconciliaciones.
No saben que los observo, soy ya como uno más del paisaje que nadie echa en cuenta aunque tengo ojos. María la panadera es una mujer fogosa que busca satisfacerse entre jóvenes mejor dotados que su marido, un pobre hombre que no se entera de lo que le rodea. Francisco es un exitoso hombre de negocios, todo lo contario a mí evidentemente. Sus trajes inmaculados, siempre bien afeitado y hablando por el móvil sobre sus inversiones. Aparentemente un triunfador sin embargo se esconde en las mismas esquinas donde duermo pues necesita pincharse, esa adicción poco a poco lo matará y seguro que lo tendré como compañero. Son retazos de personas que simplemente veo pasar pues es lo único que tengo. Tiempo para enterarme aunque nadie me conozca yo si sé quien me rodea. Entre las esquinas todo tipo de vidas se agolpan.
AP.
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