El poema Reflexiones Ociosas está construido siguiendo, tanto en la extensión como en sus partes constitutivas, el canon de la lírica coral de la Grecia antigua.
REFLEXIONES OCIOSAS
Estrofa
A veces se abalanzan las palabras
en confusión, como un tropel de cabras
y se queda el cerebro bloqueado
en magma de volcán desatascado
y el cuerpo tiembla y gime y se contrae
en un desorden afligido y cae,
como lluvia total, oscura y fría,
que agarrota los miembros y los lía
con tenaces y ásperas lianas,
que detienen la lengua y vuelven vanas
las ideas impresas en las venas
de la imaginación, que puede apenas
concebir una sombra indefinida
contra el muro flotante de la vida
en un momento de obstrucción eterno
del humano sahumerio del invierno.
Antiestrofa
A veces la salida
es un vacío denso,
como la despedida
del humo del incienso,
en el espacio breve
de agujero cerrado,
donde nada se mueve
y cuyo único estado
es una pesadilla
que turbia paraliza,
por una y otra orilla,
el agua, que no riza
la brisa placentera,
que la vela acaricia
con dulzura primera
en la estación propicia.
Épodo
A veces el mes triste me parece
una estatua de nieve,
que el Sol con su presencia desvanece
en un término breve.
Con el agua que corre indiferente,
bajo el cielo velado
por la mantilla gris desde la frente
hasta el cuello curvado
en reverencia y sumisión calladas,
el instante falaz
en su breve verdad de reiteradas
recurrencias en haz
apretado, escultor de sombras y de ecos,
despliega los colores
de pálidas imágenes y huecos
remedos de valores.
Antiépodo
A veces la alegría
se derrama solar y el corazón
rebosa con el día,
arrullando feliz unas ilusión
mezclada de sonrisas,
que vuelan ilusorias con las alas
frondosas de las brisas
de pensamientos raudos como balas,
en un sueño de estrellas
abiertas como flores con anhelos
de férvidas doncellas,
que, tal que surtidores a los cielos
saltan por los caminos
recónditos, buscando la primera
llama de los divinos
esplendores en clara primavera.
Antiestrofa
A veces, cuando mengua
la Luna en su rincón
del cielo, el corazón
se queda sin la lengua
con un escalofrío
de muda mansedumbre
y de silente lumbre
con seda de rocío
en el duro sendero
que vive la estrechura
de la azotada altura
por viento frío y fiero,
mientras se cansa el alma
en vuelo acobardado
de culpa y de pecado
de conciencia sin calma.
Estrofa
A veces el silencio es un visillo
quieto de la ventana ya sin brillo,
mientras en la ciudad el ruido cunde
inquieto y sin medida y mientras hunde
su aliento putrefacto hasta las telas
interiores del alma, las cancelas
últimas, allí donde la armonía
orbita la celeste melodía
de la canción callada, que conmueve
las fibras íntimas con una leve
palpitación llena de vida pura,
que llega hasta la más intensa hondura.
Coda
A veces se confunden Cielo y Tierra.
La vida, a veces, sobre sí se cierra.
Se alza el alma, a veces, sobre sus heces.
También todo el Mundo es frenesí a veces.
Barcelona, jueves 5 de noviembre de 2009 a las 20 horas.
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